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domingo, 6 de mayo de 2012

TIERRA DE FUEGO


Es sin duda alguna uno de los puntos más alejados de Occidente y al parecer uno de los territorios que todavía no se conoce con total exactitud. La primera vez que los europeos llegaron fue en 1520 con la expedición de Hernando de Magallanes, que probablemente bautizó esta como Tierra del Fuego debido a las grandes hogueras  en torno a las cuales se agrupaban los nativos: Shelk’nams (Onas), Yamanas (Yaganes), Alakalufes y Haush.

Durante más de tres siglos la corona española no se molestó en explorar o asentarse en la zona debido al difícil acceso que presentaba. En todo ese tiempo y de forma esporádica pasaron por allí expediciones inglesas, francesas y holandesas, además claro está de las españolas.

. Aunque durante el siglo XVII la corona española llevó a cabo varios intentos de colonización, no fue hasta que el capitán Fizt Roy acompañado en su segunda expedición por Charles Darwin a bordo del Beagle descubrió entre 1826 y 1830 una nueva ruta interoceánica, el Canal de Beagle. En 1869 el primer asentamiento fue una misión de pastores anglicanos dirigida por el reverendo T. Bridges en la zona del Canal Beagle.

Bridges eligió una bahía que los nativos llamaban Ushuaia (bahía que mira al poniente o bahía hermosa) situada en la costa sur de Isla Grande. En 1884 una expedición militar argentina creo la Subprefectura que dio lugar a la actual capital de provincia.

Del norte se ocuparon los salesianos que en 1893 se instalaron en la desembocadura atlántica del Rio Grande. La misión se llamó Nuestra Señora de La Candelaria y en 1921 constituía un centro de comercio tan importante que se convirtió en una capital de gran renombre.
Desde el momento en que Magallanes llegó al territorio la opinión general de los marinos y viajeros que viajaban hasta allí era unánime: Tierra de Fuego era un infierno barrido por el viento y rodeado por los glaciares de la Antártida. Los marinos más veteranos cuando se adentraban en la zona admitían no haber conocido nada igual.

En el diario del naturalista Charles Darwin que a los 22 años navegó durante un lustro a bordo del bergantín Beagle el paso por Tierra de Fuego podemos leer que “Tierra del Fuego tiene un clima horroroso, uno de los peores del mundo... El Beagle tuvo que luchar durante un mes con un mar borrascoso al intentar bordear el cabo de Hornos. Una gran ola abatió sobre el barco arrancando uno de los botes...".
Pero otras descripciones de la época hablan también de la belleza de “islas vírgenes y frondosas, de lagos cristalinos cuyo clima recuerda al del Norte de Inglaterra”.

Los europeos con el tiempo continuaron mostrando el desprecio por las culturas nativas de Tierra de Fuego del que han hecho gala en todas las latitudes por las que han pasado y se han establecido.

De la etnia Aush que muchos confunden con los Selk’nam sabemos que probablemente fueron los primeros habitantes de la zona pero que fueron empujados hasta el sur-este. Su economía, su vida cotidiana y sus mitos giraban en torno a la caza de focas.

También fueron los primeros en desaparecer totalmente: en 1910 tan solo quedaba una tribu compuesta por el padre, la madre y dos hijas. Uno de los estudiosos de la cultura Aush Lucas Bridges confesó en 1899 que si hubiese sabido que quedaban tan solo 60 indigenas no se hubiera molestado en aprender su idioma. Durante siglos los Aush temian a los onas puesto que estos les habían empujado hacia la parte más meridional de territorio.

Los onas que se autodenominaban "selk’nam"(hombres de a pie o gente del norte), se dividían en tres grupos: panikas (Pampa Norte), herska (bosques del sur) y chonkoyuka (de la sierra frente Bahia Inutil) y eran básicamente cazadores de guanacos. Su estructura social se centraba en una mitología compleja en la que destacaba la lucha entre el sol y la luna y que les dotaba de una cosmovisión que adquiría su punto más importante en el rito del hain.

El ocaso de los Onas llegó hacia 1880 cuando los estancieros, la mayoría de origen ingles iniciaron la colonización del territorio. Los Onas despojados de su hogar, las extensas llanuras de Tierra de Fuego, y sin posibilidad de cazar su sustento, rompieron las cercas con las que los colonos demarcaron sus tierras y cazaron las ovejas que estos criaban. Castigados por los colonos, los onas quemaron casas y atacaron campamentos.

Esta fue la excusa para que los señores ancestrales de la Tierra de Fuego fuesen cazados, exterminados, victimas de un genocidio conocido y olvidado, ignorado. Los colonos emplearon a asesinos a sueldo y contaron con el apoyo del ejército regular argentino.

Los Onas se defendieron con valentía pero sus arcos y flechas resultaban insuficientes ante la efectividad de las pistolas y los rifles. Los que sobrevivieron acabaron en las misiones salesianas. De cazadores pasaron a ser criados inscritos por consejo de los misioneros salesianos y los funcionarios como adoptados, tanto adultos como niños.

Por otra parte cuando una expedición chilena de 1879 informó de importantes yacimientos de oro en las arenas de los principales ríos de Tierra de Fuego, se desató un nuevo episodio de fiebre del oro y se registró la llegada masiva de extranjeros que buscaban una forma rápida de hacer fortuna. Pero el oro pronto se acabó y los colonos continuaron con sus explotaciones ganaderas.

Los campamentos mineros habían sido atacados en diversas ocasiones y las tensiones entre colonos y nativos llevaron a estos últimos a enfrentamientos graves entre clanes.

Para evitar que los nativos atacasen de nuevo a los ganaderos, estos además de contar con el apoyo del ejército, contrataron a asesinos a sueldo a los que pagaban ocho libras por cabeza. Y digo cabeza porque los cazadores enviaban los cráneos de los indios al Museo Antropológico de Londres. Capataces y peones ingleses, escoceses, irlandeses e italianos, fueron los "cazadores de indios" que pusieron el precio de una libra por testículos y senos y media libra por cada oreja de niño.

Los asesinatos múltiples de selk’nams fueron planificados por diversos cazadores, entre los que destacó por méritos propios el rumano Julio Popper. Sus enfrentamientos con los nativos le llevaron a perseguirles, matarles y robarles sus pertenencias con el fin de crear una colección propia de objetos que exhibía en un álbum de fotos, en los que se incluía la secuencia completa del ataque llevado a cabo por Popper y su grupo en la zona de San Sebastián. Lo más inquietante es que el 5 de marzo de 1887 Popper impartió una conferencia en el Instituto Geográfico Argentino de Buenos Aires, sobre las incursiones sobre la población selk’nam.

En la misma época en que Popper cazaba a los nativos en Tierra de Fuego, otra expedición enviada por el gobierno argentino a cargo del oficial Ramón Lista en 1886 pasó a la historia por la forma despiadada en que se condujeron los soldados a sus ordenes y que se saldó con el asesinato a sangre fría de unos 28 selk’nam cerca de San Sebastian.

En la lista de matanzas documentadas oficialmente destacan las siguientes:

25-11-1886. Playa de San Sebastian. 28 muertos. Documentada y consignada en el diario de bitácora de la misión de exploración. Lista desembarcó en la playa y el mismo día se encontró con una tribu ona. Al intentar hacerlos prisioneros los nativos se resisten y el capitán ordena abrir fuego matando a 27 individuos. Un salesiano que les acompaña recrimina a Lista su acción y este amenaza al religioso con fusilarlo. Días después encuentran a un joven ona escondido en las rocas y armado con un arco y una flecha. Le asesinan de 28 disparos.

Primera década del siglo XX..

1- Playa de Springhill Una tribu ona encuentra una ballena varada en la playa y proceden a despiezarla y comérsela. En un solo día gran parte de la tribu muere: la ballena había sido inoculada con veneno.

2- Punta Alta. 25 muertos. Una tribu ona resiste durante casi un día el asedio de los estancieros y sus empleados hasta que mueren todos.

3- Masacre en Playa Sto. Domingo. 300 muertos. Alejandro McLennan invita a una tribu ona a la que había atacado anteriormente a un banquete para sellar la paz. Durante la comida se sirve vino en abundancia. Cuando los nativos se han emborrachado, especialmente los hombres, McLennan se aleja y ordena a sus ayudantes ocultos en las colinas que abran fuego.

4- Lugar no precisado.Un inmigrante italiano que recorre el terreno buscando yacimientos auríferos descubre los cuerpos de 80 onas todos con signos de disparos masivos.

Pero no solo Julio Popper, Ramón Lista o Alexander McLennan forman parte de esta ilustre lista de asesinos de nativos en Tierra de Fuego. También destacan Alejandro Cameron, Samuel Hyslop, John McRae, Montt E. Wales y alguíen conocido como Mister Bond.

Para garantizar el éxito de cada expedición los cazadores de indios no se limitaban a emplear armas de fuego. Contaban con la eficaz ayuda de mastines traídos de Europa.

El uso de perros en este tipo de acciones no era nuevo. En la mayoría de barcos negreros estaba presentes perros adiestrados en atacar y devorar con vida a los esclavos que podían representar un problema para la tripulación y la seguridad de los barcos.

En el caso de Tierra de Fuego, los cazadores dejaban libres a los peligrosos mastines para rodear los campamentos nativos y hacer salir a los que se hubiesen escondido persiguiéndolos hasta que se encontraban frente a los cañones de los rifles. En el caso de los niños o los ancianos simplemente hacían presa del cuello y estos se desangraban rápidamente.

El éxito de la cacería era mayor si una nativa estaba embarazada y era capturada. Con una bayoneta le abrían el vientre, arrancaban el feto y tanto a la madre como al bebé le cortaban las orejas. Por ello recibían una recompensa mayor.

En el caso de que los adultos huyesen a algún lugar de difícil acceso, los niños capturados eran inoculados con agentes patógenos como la viruela y se les dejaba volver a los bosques. Esto significaba que los adultos morirían por contagio.

Este método ya se había llevado a cabo con éxito en 1763 cuando Lord Jeffrey Amherst, comandante general británico en el transcurso de la guerra entre Gran Bretaña y Francia por la posesión de Quebec obsequio a un grupo de nativos con gran numero de mantas procedentes del pabellón de enfermos de viruela del hospital de Massachusetts. Antes de un mes la tribu se había extinguido por completo.

Pero no solo Argentina jugó un papel destacado en la extinción de los nativos de Tierra de Fuego. Chile también aportó su parte en este macabro balance.

La creación en la década de 1890 de la Sociedad Explotadora de Tierra de Fuego, fue el principio del fin para las tribus nativas.

En 1884, menos de cuatro años después, la ocupación de la Tierra del Fuego abarcaba la practica totalidad de los territorios selk’nam, lo que provocó la desaparición de sus zonas de caza, de asentamiento, de ceremonias sagradas y de transito. Pero lo que realmente les llevó a la desesperación fue la perdida de su fuente de alimentación, el guanaco eliminados por los hacendados.

Para seguir alimentándose y tal como hicieron las tribus en Argentina, se dedicaron no solo a cazar ovejas sino también a robarlas para criarlas. El enfrentamiento entre selk’nam y koliots (hombres blancos en lengua nativa) no se hizo esperar.

Las autoridades siempre se posicionaron junto a los ganaderos. Los accionistas de la Sociedad Exploradora de Tierra del Fuego ocultaron siempre los hechos a la opinión pública. Los nativos que sobrevivían a las incursiones acababan en el sur de la zona amparados por las misiones salesianas en donde irremediablemente enfermaban especialmente de tuberculosis. Los responsables de las misiones no cesaban en su denuncia de los hechos y en la exigencia de envío de material farmacéutico y médico. De nuevo los indígenas se vieron en mitad de un conflicto, en esta ocasión entre el gobernador Manuel Señoret que apoyaba a los ganaderos y el jefe de las misiones salesianas Jose Fagnano.

Años más tarde la justicia chilena ante el clamor popular instruyó un sumario (1895-1904) dirigido por el juez Seguel que concluyó que las cacerías humanas en Tierra de Fuego no eran un mito, que las capturas masivas de indígenas y su posterior traslado a Punta Arenas había sucedido, y que las autoridades civiles habían sido cómplices de los ganaderos.

El proceso judicial solo culpó a algunos operarios de las estancias que quedaron en libertad pocos meses después. A pesar de que los autores intelectuales de los hechos imputados eran conocidos y se había confirmado su participación, nunca fueron procesados:

Mauricio Braun reconoció haber financiado algunas campañas y haber contratado a Alejandro Cámeron. José Menendez (suegro de Braun) era conocido por sus inversiones en la zona y admitió haber actuado con gran severidad contra los nativos contratando a un viejo conocido de los onas de Argentina, Alexander McLennan que había participado en la matanza de Cabo Peñas, que acabando con 17 indigenas. Los nombres de otros estancieros también salieron a la luz, Rodolfo Stubenrauch y Peter H. Mac Clelland así como la implicación del gobernador Señoret y funcionarios como José Contardi que nunca velaron por el cumplimiento de la ley.

Finalmente, tras los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En aquella apartada isla, los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas. De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1500 almas en tan sólo 40 años murieron a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.
Entre la primera mitad del siglo XIX y la primera década del siglo XX fue común entre los barcos que navegaban por la costa de Tierra del Fuego practicar el tiro contra los indigenas que se reunían junto a las hogueras que dieron nombre al territorio. Desde los barcos se avistaban los asentamientos, se ajustaba el tiro y se hacía blanco. Puesto que las tripulaciones no desembarcaban y continuaban su viaje se deconoce el número aproximado de victimas que esta actividad pudo causar.

Los selk’nam también formaron parte de la Exposición Universal de París. Un empresario y ballenero conocido como Maitre secuestró a once nativos y los llevó a Europa. Una familia entera fue introducida en una jaula de hierro. De los once dos murieron en el viaje de ida, dos murieron en la jaula de hambre y maltrato. Uno de ellos llamado Calafate se fugó en Francia y logró llegar a Montevideo. Los seis restantes fueron entregados al doctor Bulmes que los embarcó de regreso. Solo cuatro llegaron a la misión salesiana de Punta Arena.

En 1898 el gobernador de Tierra de Fuego, Coronel Godoy envió dos familias Ona a la Exposición Nacional de Buenos Aires. Les alojaron en una gran tienda y durante las horas de visita el publico contemplaba el expectaculo exótico de seres ataviados con ropas y enseres de la edad de piedra.


EPILOGO

En 2006 el Museo de La Plata en Argentina, mostraba en sus vitrinas restos de los nativos asesinados en las matanzas, cuyos cuerpos habían sido en muchas ocasiones desenterrados y descarnados.

Otra parte de la colección de huesos humanos procedía de un grupo de nativos que durante años vivió en el Museo y fue estudiado en vivo. Muchos de ellos murieron en el museo y se procedió a su esqueletización y posterior exhibición. Un grupo de estudiantes de antropología intenta desde hace mucho tiempo documentar cada caso y hacer que los restos exhibidos regresen a su lugar de origen.

En 2004 el Censo de Argentina dio como resultado que se reconociesen como onas descendientes de primera generación unos 391 onas, ningúno de los cuales reside en comunidades indígenas. Se calcula que en la segunda mitad del siglo XXI ya no quedará nadie vivo que hable la lengua nativa.

viernes, 4 de mayo de 2012

PERDIDOS EN LA TRIBU


Cuando hablábamos de los zoos humanos mencionábamos que la última vez que se llevó a cabo una experiencia de este tipo fue en Bélgica en 1958.

Pero olvidaba por completo que en realidad no es así. En las últimas temporadas de la televisión de nuestro país el concepto de zoo humano ha resucitado lamentablemente.

En esta ocasión sin embargo se trata de un zoo que emocionalmente nos afecta muy poco puesto que los protagonistas viven a considerable distancia de nuestros hogares, no pagamos un solo euro por la entrada y si no cometemos el error de sintonizar la cadena en cuestión no asistimos a tan lamentable espectáculo.

Para que no falte variedad en la oferta, los protagonistas pertenecen a tribus o clanes de distintas latitudes. En la presente temporada la acción se centra en África y en las selvas de Sudamérica. En ediciones anteriores los destinos elegidos se encontraban en África y Asia.

La brillante idea consiste en presentar a familias españolas que quieren vivir experiencias diferentes a las de su realidad cotidiana y que vivirán entre grupos étnicamente menos evolucionados.

La actitud de los participantes es a todas luces lamentable. Tanto que mis dudas se dividen en dos puntos. Si todo lo que sucede en el programa está pautado y preparado, los guionistas, los creadores de tamaño despropósito deberían acudir de inmediato a un curso acelerado para guionistas novatos, que les refresque la memoria en lo que a planificar tramas se refiere. Si lo que sucede en el programa no está preparado, la actitud tanto de los responsables del programa como de la de los participantes es tan irrespetuosa con los nativos que provoca sonrojo y vergüenza ajena.


En el colmo de la estulticia más profunda se llegó en la temporada anterior ( o fue hace dos temporadas, lo siento pero es que me parecen todas iguales) a explotar el mito del buen salvaje y las tribus visitadas se convirtieron en los invitados de las familias españolas. Les aseguro que no resultaba tan gracioso como el viaje de Micke Cocodrilo Dundee a Nueva York en la película del mismo titulo.

Desconozco cual será el beneficio que obtengan las tribus visitadas por prestarse a semejante espectáculo pero no creo que les compense suficiente.

Entre los documentos que he consultado para hablar de los zoos humanos y de la presencia constante de personas naturales de África, encontré el nombre de una mujer que se convirtió en el espectáculo más famoso de la Inglaterra del siglo XIX.


Me refiero a Sara Baartman ( en africakáans Saartjie Baartman) nacida probablemente en 1789 y fallecida el 29 de diciembre de 1815. Sara fue la más famosa de las dos mujeres de la etnia khoikhoi convertidas en esclavas y que llegaron a Europa para ser exhibidas como atracción secundaria de circo en casetas apartadas (como las de La Mujer Barbuda)


Fue conocida como La Venus Hotentote, del término peyorativo Hottentot (tartamudo) con el que los holandeses se referían al pueblo khoi. Al quedar huérfana fue vendida al comerciante boer Pieter Willem César que la llevo a Ciudad del Cabo para que trabajara de niñera para su hermano Hendrick. En 1810 con apenas 21 años fue llevada a Londres, según unas versiones como esclava según otras engañada por un médico inglés.

Al poco de llegar empieza a ser exhibida en distintos locales de Picadilly en el centro de Londres. La Venus Hotentote se presenta ante el público semidesnuda, bailando y tocando instrumentos musicales africanos. Los londinenses se muestran fascinados con el tamaño de las nalgas de Sara algo inusual en Europa y con sus genitales mutilados y por un precio extra pueden tocar sus prominentes nalgas.

La Asociación Abolicionista Africana pide su liberación pero en el juicio que se celebra, Sarah declara que ella se queda con la mitad de las ganancias, lo que impide probar que se trate de un caso de esclavitud y por tanto continúa exhibiéndose ante el publico.

Tras el escandalo el espectáculo es prohibido y Sarah  vendida en 1814 a un domador de fieras galo que la lleva a Francia para exhibirla como uno más de sus animales durante 15 meses. Allí llama la atención del público y de los científicos como el anatomista Georges Cuvier que la examina en el Museo de Historia Natural y comprueba que es una mujer muy inteligente que habla fluidamente afrikaner. Su estancia en París coincide con la inauguración del Jardin des Plantes y es Geoffrey Saint Hilarie quien la lleva al zoo humano y la muestra en un escenario que comparte con plantas y animales exóticos.

Pero pronto deja de ser una novedad rentable y sus duras condiciones de vida la llevan a un deterioro imparable. Muere en 1815 tras dedicarse durante algún tiempo a la prostitución y victima de una infección o del mal de la época la sífilis.

Ni siquiera la muerte le evita la humillación. Tras la autopsia, de su cuerpo se hace un molde de yeso, que se exhibe en el Museo de Historia Natural de París. Su cerebro y sus genitales mutilados se conservan en formol.

Durante una visita a la capital francesa el entonces presidente de Sudáfrica Nelson Mandela descubre que Sarah continua formando parte de la colección de animales del museo francés. Escandalizado obtiene del entonces presidente Mitterrand la promesa de que los restos de Sarah volverían a su país. Las negociaciones se alargaron hasta que finalmente en 2002 la joven regresó a casa y fue enterrada el 9 de agosto de aquel año en Hankey cerca del Río Gamtoos en Cabo Este donde nació.
La activista de Genero Gail Smith acompañó a la delegación sudafricana para recuperar los restos de Sarah y acompañarlos de vuelta a casa. De aquel viaje Smith escribió:

"Siete años de investigación, discusión y fascinación con Baartman no me prepararon para el encuentro cara a cara con ella. O más bien con la colección de partes de su cuerpo desmembrado, consideradas decisivas para la investigación científica por los científicos felizmente encargados de su cuerpo apenas unas horas después de su muerte. Y que no perdieron el tiempo para llegar al fondo de la cuestión: hicieron un molde de yeso de su cuerpo, lo diseccionaron y conservaron su cerebro y sus genitales en formol.

El esqueleto de Baartman me llegaba hasta el plexo solar, así que no debía de medir más de 1,30 metros. El molde de yeso en posición vertical, pintado de un marrón extraño y con los brazos saliendo hacia fuera en un ángulo incómodo, tenía una apariencia macabra y ha atrapado su cara en una máscara de muerte perpetua. El frasco que contenía su cerebro tenía un aspecto corriente, al igual que el frasco con una sustancia gris que eran sus genitales ...

Sentí pena por las avestruces y por los canguros saltando empapados de lluvia con temperaturas bajo cero. Mientras me acurrucaba dentro de mis tres capas de ropa, podía imaginar la desgracia de Baartman en un medio tan hostil, sin ropa de abrigo, rodeada de hombres tan obsesionados con su vagina que continuamente intentaban convencerla para que se quitara la ropa que le quedaba puesta."

El 8 de septiembre de 2010 se presentó en la Mostra de Venecia la historia de Sarah realizada por el director franco tunecino Abdelatif Kechiche a partir de la novela de de Barbara Chase-Riboud, La Venus hotentote. La autora asegura que Sarah se casó con el médico inglés y que llegó hasta Europa con el sueño de convertirse en una bailarina famosa.

Diana Ferrus, una poetisa sudafricana de ascendencia khoi khoi, le dedicó en 2000 un poema que, entre otras cosas, dice:

He venido a sacarte de esta miseria
a llevarte lejos de los ojos curiosos
del monstruo fabricado por el hombre
que vive en las tinieblas
con sus garras de imperialismo
que diseccionó tu cuerpo parte por parte
que asoció tu alma a la de Satán
y se declaró él mismo el dios absoluto.

GENOCIDIO EN TASMANIA


Ya falta poco para que acabe este ciclo de textos dedicados al racismo, la xenofobia y el papel jugado por Occidente en este terrible e infinito proceso de destrucción que han padecido a lo largo de los últimos siglos otras culturas más antiguas pero que no merecieron respeto alguno por nuestra parte.

Confieso que en estos días he recordado un refrán muy popular entre los estudiantes de mi generación que servía para justificar lo poco que nos apetecía cumplir con nuestras obligaciones académicas: Cuanto más estudio, más se, cuanto más se más olvido, entonces ¿para que estudiar?

Cuarenta años después para mí el significado de este juego de palabras ha variado notablemente y se ha tornado más amargo. Porque a raíz de la propuesta de mi amiga Annabel Pinto de hablar sobre este tema y para resultar lo más objetiva posible, he buceado entre decenas de documentos que tratan sobre ello y ahora “cuanto más estudio, más se, cuanto más se menos puedo olvidar”.

De todos los episodios conocidos sobre el exterminio de culturas nativas, uno de los más sobrecogedores tal vez para mí ha sido el de Tasmania.

A principios del siglo XIX la colonización de Tasmania se convirtió en un genocidio, promovido y compensado económicamente por el gobierno británico que dio como resultado la total destrucción de la población aborigen tasmana.

Este proceso es conocido como Guerra Negra (Black War) y se refiere a un periodo de guerra no declarada entre las fuerzas británicas junto a los nuevos colonos, contra los aborígenes tasmanos en la llamada Tierra de Van Diemen actualmente Tasmania.

No obstante la llamada Guerra Negra también puede emplearse al hablar de conflictos posteriores entre colonos y aborígenes australianos (Australia continental)

Cuando los primeros colonos europeos llegaron a Tasmania en 1722 se encontraron con una cultura nativa de estructura más simple que la del continente australiano que no tenía conciencia del peligro inminente y no supo defenderse. Se les uso como esclavos de trabajo y sexuales, se les cazó y mutiló. Sus pieles fueron vendidas al gobierno. Los hombre fueron asesinados y los que sobrevivían castrados, los niños morían golpeados y apaleados. A las mujeres se les permitio irse con las cabezas de sus maridos atadas al cuello.

La población inicial de unos 5.000 nativos en 1830 se había reducido a 220 o 72 (la cifra varia en función de la fuente consultada) y finalmente fueron recluidos hasta su muerte. Sin olvidar que otro de los motivos de este proceso de aniquilación fueron las enfermedades traídas por los colonos y ante las que los nativos sucumbieron puesto que su sistema inmunológico se mostró desbordado.



El hecho de que esta “guerra” no hubiese sido declarada oficialmente impide exactitud a la hora de estudiar un periodo de tiempo concreto. Pero teniendo en cuenta las noticias que aparecen en la prensa del momento y los decretos promulgados por las autoridades británicas podemos construir una cronología aproximada.

El inicio tal vez coincidiera con la creación del primer asentamiento británico en Tasmania, una colonia penal, en 1803.

La segunda fase podría corresponder con la publicación de un artículo dirigido a los colonos para perseguir a los nativos en defensa propia. (página 2 de el número 552 del Colonial Times and Tasmanian Advertiser de fecha 1 de diciembre de 1826)

Lo decimos inequivocadamente LA DEFENSA PROPIA ES LA PRIMERA LEY DE LA NATURALEZA. EL GOBIERNO TIENE QUE RETIRAR A LOS NATIVOS SI NO, ¡SERÁN CAZADOS COMO ANIMALES SALVAJES Y DESTRUIDOS!

En 1828 George Arthur gobernador de Tasmania proclama la expulsión de los nativos de todos los territorios ocupados por los colonos. Los aborígenes tan solo podrán atravesarlos una vez al año para pescar en las costas, siempre que obtengan un pasaporte para realizar el viaje.

En abril del mismo año el gobernador Arthur declara la ley marcial en la colonia puesto que los enfrentamientos entre la resistencia tasmana y los colonos no cesan y la escalada de violencia parece imparable. El decreto de ley marcial comienza así…

Comoquiera que los negros o aborígenes nativos de esta isla durante un tiempo considerable han realizado una serie de ataques indiscriminados contra las personas y propiedades diversas de los súbditos de Su Majestad: y últimamente en especial han cometido los actos más crueles y sanguinarios de violencia y pillaje; mostrando una evidente y sistemática disposición para matar y destruir a los habitantes blancos de forma indiscriminada siempre que se les presenta la oportunidad…

Para reforzar la declaración Arthur ordena la creación de partidas de exploración que deberán patrullar los asentamientos coloniales y capturar a los aborígenes encontrados en el territorio, autorizando a las patrullas a dispararles si se resistían al arresto y su posterior traslado a las zonas de reclusión.

En febrero de 1830 el gobierno ofreció una recompensa de 5 Libras por cada adulto aborigen y 2 Libras por cada niño entregados vivos. Debido a la captura masiva de aborígenes Arthur aclaró que la recompensa solo se pagaría por los individuos hallados en los asentamientos coloniales y que no se abonaría las capturas realizadas en zonas alejadas o aun no colonizadas. En caso de que los colonos y los convictos atacasen o agrediesen a los nativos sin motivo serían llevados ante la justicia y castigados.

Para reforzar estas acciones Arthur convocó a los colonos adultos, convictos o libres para formar una cadena humana conocida como Línea negra que deberían realizar batidas por el territorio. En realidad era una partida de caza que se desplazó desde las zonas colonizadas hasta el sur y hacia el este para acorralar a los nativos en la península de Tasman y cerrar el itsmo que conectaba la zona con el resto de la isla. De esta forma los aborígenes permanecerían aislados de los colonos.

La Línea Negra constituyó un autentico fracaso. La cifra de nativos capturados no fue tan importante como se esperaba. Pero el acoso y el cansancio les obligó a rendirse y los 220 que habían sobrevivido fueron recluidos en las islas del Estrecho de Bass bajo la promesa de conservar la vida. Las condiciones de vida del asentamiento y las enfermedades hicieron el resto y pronto solo quedaron 47 cuyos descendientes siguen viviendo en ese lugar.

En 1860 murió el último hombre tasmano. Un miembro de la Royal Society of Tasmania, George Stokell mandó abrir su tumba para hacerse una petaca con su piel.

El genocido se dio por concluido en 1876 tras la muerte de la ultima mujer palawa (tasmana). Se llamaba Truganini (Trugernanner).

TRUGANINI

Truganini (su nombre también se ha transcrito como Trugernanna, Trugannini o Trucanini) también conocida como Lallah Rookh, nació en la Isla Bruny (Lunawan-na-Alonna) hacia 1812 y murió el 8 de mayo de 1876 en Hobart y es considerada como la última aborigen pura y la última persona que hablaba la lengua aborigen de Tasmania.

Hija del jefe Mangerner (también transcrito como Mangana) antes de los 18 años vio como unos cazadores de ballenas apuñalaban a su madre asesinándola, perdió a su hermana Moorinna que fue raptada y murió al poco tiempo y a su primer prometido que se ahogó cuando intentaba salvarla de ser raptada.

En 1829 se unió a su segundo prometido Woorrady. En 1830 el gobernador Arthur intentó un acercamiento con los nativos que hubiesen sido menos hostiles. La campaña empezó en la isla de Bruny. Truganini y Woorrady acompañaron como guías e interpretes en el resto del territorio a George Augustus Robinson, misionero cristiano conocido como Protector de los Aborígenes.

La pareja estaba convencida de que esa era la manera de proteger a su pueblo de la violencia de los blancos. En 1835, Robinson convenció al jefe Mangerner para que su pueblo fuera trasladado de la isla Bruny a la isla de Flinders, al noreste de Tasmania, a cambio de alimentos, ropa, alojamiento, prometiéndoles que era un asentamiento provisional y que más adelante podrían regresar a su tierra.

Truganini y Woorrady fueron trasladados junto con otros 230 aborígenes, los últimos supervivientes de entre los indígenas de Tasmania y convertidos al cristianismo (Robinson bautizó a Truganini como Lallah Rookh, el nombre de una princesa oriental protagonista de un cuento que fue popular en Inglaterra en aquella época).

Robinson esperaba que el aislamiento los salvara, pero muchos murieron. Truganini pronto se dio cuenta de que las condiciones de vida insalubre en el campamiento, unida al desarraigo de los indígenas y a la propagación de enfermedades europeas contra las que no estaban inmunizados, abocaban el proyecto al fracaso.

En 1838, Robinson fue encargado de crear otro asentamiento para aborígenes en la bahía de Port Phillip, frente a Melbourne, en Australia. En 1839 se llevó a Truganini, junto con Woorrady y otros 14 indígenas, para que le ayudaran a convencer a los nativos. Desilusionada por la experiencia tasmana, Truganini se unió a una rebelión de aborígenes que se oponían a los planes de Robinson, y huyó con un grupo de personas que consiguieron escapar del campamento.

Vivieron unos dos años en Melbourne y los alrededores, pero al encontrarse fuera de la ley acabaron robando para sobrevivir a los colonos de la región de Dandenong, convirtiéndose a la fuerza en fugitivos. Se dirigieron entonces hacia el cabo Paterson donde miembros del grupo asesinaron a dos cazadores de ballenas y dispararon e hirieron a algunos colonos.

Siguió una larga persecución en la que capturaron a los responsables de los asesinatos, que fueron juzgados y ahorcados en Melbourne en 1841. Se sabe que Truganini fue herida de bala en la cabeza antes de que fuera también juzgada con los demás miembros del grupo y enviada de nuevo a la isla de Flinders en 1842. Woorrady la acompañaba pero murió durante el viaje.

En 1856, Truganini y los últimos 46 supervivientes del campamento de Flinders fueron trasladados a Oyster Cove, al sur de Hobart, desde donde pudo volver a visitar su isla natal.

Allí reanudó en parte con el estilo de vida aborigen, recolectando semillas y plantas en el bush, y conchas en el mar. En 1869, sólo seguían con vida en Oyster Cove ella y William Lanney, o Lanne, también llamado Billy o "King Billy", que falleció en el año.

En 1873 Truganini fue trasladada a Hobart, a la casa de la familia Dandridge, donde murió tres años más tarde tras solicitar que sus cenizas fueran esparcidas en el canal D'Entrecasteaux.

Se organizó un funeral oficial y concurrido, con un féretro que resultó estar vacío: Truganini ya había sido enterrada la víspera en el cementerio de una cárcel de mujeres, la Female Factory de Cascades, un suburbio de Hobart, para poder ser exhumada posteriormente con fines científicos.

Dos años más tarde fue desenterrada por la Royal Society of Tasmania y expuesta en el museo. No fue hasta abril de 1976, en el centenario de su muerte, que sus restos fueron incinerados y esparcidos de acuerdo con sus deseos.

En 1997 el Royal Albert Memorial Museum, de Exeter, devolvió el collar y el brazalete de Truganini a Tasmania. Muestras de su piel y de su pelo fueron encontradas en el Royal College of Surgeons de Inglaterra, y devueltas a Tasmania en 2002. Se estima que los restos de unos 50.000 aborígenes tasmanos y australianos continúan en posesión de instituciones médicas y científicas en el mundo.[6]

Truganini fue descrita como una mujer de baja estatura, de hermosa y penetrante mirada, valiente e inteligente, y que de joven había sido muy bonita y atractiva. No tuvo descendencia.

Existe todavía una comunidad aborigen en Tasmania, descendientes en su mayoría de mujeres aborígenes de las islas del estrecho de Bass. Fanny Cochrane, una indígena nacida en el asentamiento de la isla Flinders, sobrevivió a Truganini y tuvo 11 hijos.

En 1975, el gobierno de Australia editó un sello de correos con la efigie de Truganini, dentro de una serie titulada Six Famous Australian Women (seis mujeres australianas famosas).


EPILOGO

H. G. Wells, en el capítulo uno de su novela La Guerra de los Mundos, (1898) escribió: "Debemos recordar la destrucción cruel y completa que nuestra especie ha provocado, no sólo sobre animales como el bisonte y el dodó, sino también sobre sus razas consideradas inferiores. Los tasmanos, a pesar de su apariencia humana, fueron completamente eliminados en una guerra de exterminio provocada por los inmigrantes europeos en un período de cincuenta años".


En 1997 el gobierno australiano pidió disculpas oficiales por el genocidio sucedido a todos los pueblos indígenas de Australia y Tasmania, el parlamento de la isla apoyo con unanimidad la declaración. El texto decía:

Que este hogar, en nombre de todos los tasmanios expresa su profundo pesar y sincera en el dolor y la angustia causada por las políticas del pasado en las que los niños aborígenes fueron separados de sus familias y hogares; pide disculpas a los aborígenes de las acciones pasadas y reafirma su apoyo a la reconciliación entre todos los australianos. Hay muchas personas que actualmente trabajan en la comunidad, la academia, los diferentes niveles de gobierno y organizaciones no gubernamentales para fortalecer lo que se ha denominado como la cultura aborigen de Tasmania y las condiciones de aquellos que se identifican como miembros de la comunidad descendiente.

En noviembre de 2006 Tasmania se convirtió en el primer estado o territorio de Australia en ofrecer una compensación financiera por las Generaciones Robadas (Stolen Generations), los aborígenes desplazados por la fuerza de sus familias por agencias gubernamentales y las misiones de la iglesia entre aproximadamente 1900 y 1972.

Cerca de 4.000 a 6.000 personas reclamaron ser descendientes de aborígenes tasmanios. Unas 40 personas fueron reconocidas como tales y fueron aptos para la compensación de la partida de 5 millones de dólares americanos.

 Pero nada compensa el sufrimiento de tantas almas, ni la destrucción de culturas milenarias. Nada.




domingo, 29 de abril de 2012

RACISMO,XENOFOBIA...MOMIAS


Me doy un respiro tras la tarea de buscar documentación para las anteriores entradas sobre el racismo y la xenofobia, tema propuesto por mi querida Annabel Pintó y que ni ella ni yo sospechábamos que fuese tan extenso y arduo.

Confieso que uno de los medios que empleo para distraerme es la televisión. No diré que no eché algún vistazo por motivos profesionales a los llamados programas contenedores que tanto gustan a mis conciudadanos y conciudadanas. Ni diré tampoco que no me encuentro entre los consumidores habituales de series y películas que hablan de crímenes, misterios y demás. Como guionista intento descubrir las historias tejidas por los autores de estas producciones.

En contadas ocasiones dedico mi tiempo a ampliar mis humildes conocimientos a través del material contenido en documentales de historia. De los documentales sobre naturaleza y animalitos mejor no hablar. Me superan. Ya sé que si soy aficionada a las series criminales debería estar encantada con la visión de grupos de animales que luchan por su supervivencia, de individuos jóvenes, enfermos o ancianos que son atacados por sus enemigos naturales obedeciendo a las leyes naturales de la vida y la muerte.

Pero me reconozco cobarde en este aspecto. No soporto a los babuinos en particular y su crueldad, ni a los grandes depredadores que durante horas pueden acosas a sus presas hasta que mueren agotadas, aterrorizadas y desangradas. No obstante ellos lo hacen para sobrevivir y salvo contadas ocasiones en las que puede tratarse únicamente de una expedición de castigo no lo hacen como el ser humano por placer o deporte o como en el caso de ciertos programas de gran éxito, que despiezan aún con vida a sus objetivos mediáticos sin piedad.

Finalmente tras pulsar compulsivamente las teclas del mando a distancia que me permite cambiar de canal sin esfuerzo alguno, centro mi atención en la segunda cadena de Televisión Española puesto que como siempre ofrece un interesante documental sobre historia, apto para una selecta minoría. Y digo minoría no en tono elitista o peyorativo, sino porque la inmensa mayoría anda pendiente de las hazañas de un deportista de elite dedicado a golpear con fuerza una pelota en una cancha de tenis en el marco de un prestigioso torneo internacional. Debo confesar que el tenis, la pesca y el golf me aburren soberanamente. Tal vez sea debido a mi ignorancia acerca de las reglas que rigen estas disciplinas.

El documental en cuestión repasa la vida de uno de los faraones egipcios más importantes y longevos y que desde que se empeñó en atravesar el Mar Rojo previamente separado por el poder divino a través de Moisés-Charlton Heston, en la producción Los Diez Mandamientos ha despertado el interés de propios y extraños. Me refiero a Ramsés II.

El narrador habla de las gesta militares de Ramsés II, de su reinado, del poder de Egipto sin apartarse un milímetro del guion habitual. Cuando llega el momento de hablar del gran faraón convertido en momia en esta ocasión mi interés ha cambiado de punto de vista.

Desde que fue descubierta su momia Ramsés II, ha experimentado de todo menos el descanso eterno esperado.



Debido a la exposición pública momia presentaba un deterioro tan importante que de no buscar un remedio en la ciencia moderna, podría perderse para siempre.

Una de las primeas mujeres que dirigió una expedición arqueológica en Egipto, de nacionalidad francesa fue la encargada de dictaminar el grado de deterioro de los restos del faraón y encontrar una solución. Por ello el faraón viajó hasta Paris en donde fue recibido con honores de jefe de Estado e incluso se programó que el sequito científico pasara delante del Obelisco de Ramses II que se encuentra en la capital francesa.

Sometidos sus restos a diversas pruebas el viejo faraón fue  tratado  para frenar el deterioro que presentaba al tiempo que proporcionaba  a la comunidad científica nuevos datos sobre el proceso de momificación en el antiguo Egipto.

Tanto Ramsés II como algunos de sus antepasados y sus descendientes han sido estudiados con cierto respeto y reverencia. Pero el resto de las momias egipcias de comunes mortales que únicamente pretendían pasar la eternidad de forma digna, no solo han sido despojadas de sus ajuares, sino vendidas, expuestas o convertidas en polvo pretendidamente medicinal, en combustible…

Y he aquí de nuevo el doble rasero de Occidente para tratar determinados temas. Si alguien profana una o varias tumbas en un cementerio no importa cual sea la confesión a la que pertenezca, la noticia no solo dará la vuelta al mundo, e indignará a todas la s mentes bienpensantes y mejor actuantes de nuestra civilización. Sino que pasaremos las horas mirando al cielo, en espera de las señales que indiquen que el fin del mundo ha llegado, que lo que temíamos va a pasar porque hemos enojado a los dioses al no respetar a los muertos.

Bueno a nuestros muertos claro está, a los que son muertos de primera. El resto, los que son más antiguos, los que hace siglos que dejaron este mundo terreno y con un poco de suerte han encontrado la paz eterna da lo mismo si los desenterramos, radiografiamos, cortamos cachitos para analizar, fotografiamos, trasladamos a otro país más civilizado para conservarlo…da lo mismo, no importa, todo sea en aras de la ciencia.

No fue suficiente colonizarles, convencerles de su inferioridad, convertir su tierra en el patio trasero, robarles, explotarles y matarles, todo dentro de un contexto histórico tal vez menos avanzado y salvaje, sino que ahora además turbamos su paz, su reposo eterno

Que se lo cuenten también al pobre Tuthankamon que además de ser un títere en manos de la elite sacerdotal egipcia que pretendía blindar el poder que había perdido en el reina anterior, murió muy joven y desde que se descubrió su tumba fue considerado responsable de las muertes de aquellos que directamente habían participado en la profanación de sus resto.

Tan solo basta con escuchar la palabra momia y ya nada detiene a los estudiosos. No importa si es egipcia o procede de algún lugar de la América pre colombina o de Asia. No recordamos que se trata de los restos de un ser que miles de años antes sufrió, vivió, amó y luchó como nosotros y de que le debemos el mismo respeto que esperamos para nuestros difuntos.

Tal vez por ello durante años mi concepto sobre ciertos temas científicos e históricos fuera más que dudoso.

En la década de 1980 simultaneaba mis estudios de radio con los de técnico sanitario. En cierta ocasión varias condiscípulas y yo realizamos una excursión junto con una de las profesoras a titulo personal a la provincia de Girona concretamente a la conocida localidad de Banyoles.

Tras pasar una agradable mañana y comer en un restaurante de la zona, decidimos visitar un museo del que yo no había oído hablar hasta ese día, el Museo de Ciencias Naturales conocido también como Museo Darder que constituye un claro ejemplo de que la ciencia de finales del siglo XIX y principios del XX se movía en una frontera extraña entre la colección científica y las curiosidades populares Para los que no podían desplazarse a la capital para contemplar y conocer tanto animales del país como especies exóticas, este tipo de colecciones eran un sustitutivo valido..

Inaugurado en 1916 fue una propuesta ambiciosa alumbrada al amparo de las excavaciones realizadas en aquel tiempo en un poblado lacustre del pleistoceno situado en las inmediaciones del lago de Banyoles. Los citados trabajos arqueológicos devolvieron a la superficie la mandíbula de un Neanderthal de entre 6.000-7.000 años de antigüedad y que está considerada como una referencia de la paleontología y la antropología internacional.

El primer director fue Francesc Darder i Llimona, hombre respetado, naturalista, medico, veterinario y taxidermista que durante la Exposición Universal de Barcelona de 1888 regentó una tienda-museo en la misma y en la que se mostraba los resultados de la taxidermia o naturalización, cercanos a la categoría de arte. Caber recordar por otra parte que la zoología actual debe a esta técnica buena parte de sus progresos.



Darder también fue catedrático de zoología en la Escuela Superior de Agricultura y creador del Parque Zoológico y del Museo Zootécnico de Barcelona y desarrolló una interesante labor como ictiólogo en Barcelona y Banyoles, contribuyendo a la repoblación piscícola del Lago de Banyoles.



Por ello Darder dotó al Museo de una singular colección de zoología que mostraba animales disecados en vitrinas decoradas a semejanza de sus hábitats naturales. La muestra se complementaba con una colección etnológica de parte del mundo conocido bautizada como Sala del Hombre y que incluía una momia peruana, la cabeza de un druida de Gales, la cabeza de un aborigen sueco y la de un indígena de la Isla de Pascua entre otros especímenes.


La muestra dedicada a los seres humanos se complementaba con cuatro elementos más.

En primer lugar se mostraban las pieles curtidas de un hombre y una mujer, que según figuraba en la guía del museo habían formado parte de las pruebas presentadas contra dos estudiantes de medicina de la Facultad de Barcelona que en una clara muestra de mal gusto habían encargado a un curtidor de la ciudad el trabajo. Al parecer la procedencia de las pieles humanas curtidas era más que dudosa.

En segundo lugar los visitantes podían contemplar una momia egipcia que al parecer Darder había adquirido a un proveedor de antigüedades y que fue declarada en la aduana del Puerto de Barcelona como un fardo de bacalao seco conservado en sal.


En 1999 fue descatalogada de la colección tras el dictamen en 1984 de una comisión del Govern de la Generalitat de Catalunya que certificó que se trataba de una falsificación. No obstante aunque no fuese una momia egipcia no cabía duda de que se trataba de restos humanos manipulados con alambre para garantizar la postura característica de una momificación.

Y en tercer y último lugar se podía observar el cuerpo disecado y ataviado con objetos rituales de un bosquimano, probablemente originario de Betchuana, conocido durante años como El Negro de Bañolas. Por lo visto Darder lo había comprado a unos naturalistas franceses en la Exposición Universal de París. Los citados caballeros lo habían encontrado enterrado (y que desenterraron) en la selva africana poco después de que según les contaron los porteadores de la expedición, hubiese sido degollado en castigo por alguna falta cometida en el seno de su tribu.


A finales de la década de 1990 un médico africano que visitó el museo hizo publica su indignación al comprobar que los restos del bosquimano eran reales. Durante meses la opinión pública se enfrentó al hecho de que en un lugar del mundo civilizado a punto de entrar en el siglo XXI se podía encontrar una muestra del desprecio con el que se había tratado a los pueblos colonizados durante siglos.

Tras una dura polémica ética y diplomática los restos del Cafre Bosquimano, fueron devueltos a la Organización de Estados Africanos y se procedió a su sepultura en su país de origen Botswana el 5 de octubre de 2000.



En los últimos años la opinión pública se ha enfrentado a la polémica generada a raíz de una exposición itinerante que mostraba cadáveres humanos conservados mediante la técnica de la plastinación que consistiría en la extracción de los fluidos del cuerpo y su reemplazo por polímeros de silicona. El creador de Our Body, nombre de la exposición es un médico europeo que ha afirmado que contaba con el consentimiento de los fallecidos para ser sometidos a este tratamiento final.

Tras pasar por EEUU (podemos ver parte de la exposición en una secuencia del remake de Casino Royal de la serie James Bond), Alemania y España (en Barcelona se instaló en el Museu de les Drassanes), la muestra llegó a Francia. Tras pasar por Lyon y Marsella, fue en París en donde la empresa responsable se encontró con problemas. Al parecer los 17 cuerpos humanos mostrados, hombres y mujeres, eran de origen chino y en base a la falta de respeto por el gobierno de China en materia de derechos humanos, para dos organizaciones humanitarias existían dudas más que razonables de que los fallecidos hubiesen dado su consentimiento para la plastinización de sus cuerpos. Ante la sospecha de que la procedencia de los cuerpos era poco clara, un juez aceptó la demanda y afirmó que la exposición   representaban “un atentado ilícito al cuerpo humano” y que los “cortes” de los cuerpos así mostrados, como “las coloraciones arbitrarias” y las “puestas en escena irreales” carecían de “decencia”. “El espacio que la ley asigna al cadáver es el del cementerio”, afirmando en su veredicto que “el objetivo comercial” que movía a los organizadores “atenta manifiestamente al respeto que se debe” al cuerpo.

Por tanto prohibió la exposición y dio a los organizadores un plazo de 24 horas para desmantelarla.

Los antropólogos afirman que en el momento en el que el ser humano se plantea la necesidad de rendir culto a sus muertos, de tratar a sus difuntos con reverencia y respeto, es cuando la evolución de nuestra especie experimenta un salto gigantesco hacia nuevas formas sociales. Por primera vez los seres humanos se han planteado la diferencia entre vida y muerte. Por primera vez la distancia con los primates es gigantesca.

El hecho de que contemplar los restos disecados de un ser humano de raza negra en una vitrina no me llevase a plantearme que aquella muestra estaba totalmente fuera de lugar en pleno siglo XX, el hecho de que sigamos contemplando momias egipcias o andinas como piezas de museo, el hecho de que alguien quiera sacar partido exhibiendo cuerpos humanos plastificados bajo el manido argumento de que todo se hace en aras de la ciencia y para divulgar el conocimiento, me lleva a pensar que estamos en claro momento de involución y que cualquier día volvemos a vivir en las copas de los árboles.

Eso si a este paso dejamos algún árbol en pie. En fin, que les dejo porque estoy preparando las dos últimas entradas (y no por falta de material, se lo puedo asegurar) sobre el racismo, la xenofobia y el papel que durante siglos ha jugado Occidente en el mundo.