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miércoles, 16 de octubre de 2013

LA MUJER DESNUDA





Desconcertada y necesitada de respuestas he repasado de nuevo La Mujer Desnuda, Un Estudio del Cuerpo Femenino, obra apasionante del zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris.

Hacía tiempo que no recurría a Morris para reorientarme. Mucho tiempo. Pero en las últimas semanas los acontecimientos me han descolocado de tal forma que tenía la sensación de haber perdido mis referencias personales.

Autor de gran número de títulos, Morris ha centrado sus estudios en la conducta animal y en la conducta humana en este caso desde un punto de vista zoológico, lo que significa que no plantea sus argumentos desde la sociología, la psicología y la arqueología.

Su punto de vista como zoólogo y etólogo parte de tratar al ser humano únicamente como animal evolucionado.

La publicación en 1967 de El mono desnudo (The Naked Ape) provocó una revolución sin precedentes en el estudio de la especie humana.

Tras décadas de exponer sus opiniones a través de la literatura y numerosos documentales emitidos a través de la BBC, expresó su compromiso con la naturaleza y analizó el comportamiento de los seres humanos en las ciudades.
Finalmente publicó La Mujer Desnuda, una gran obra en la que aunque intenta mantener la objetividad que imprime a sus estudios alejándose de la sociología o la arqueología, no puede evitarlo y presta especial atención a las culturas mediterráneas que encierran a sus mujeres en los confines del hogar familiar o a las musulmanas que cubren sus cuerpos de la cabeza a los pies.

Con esta obra emprendió un viaje en el que el objetivo es conocer a la mujer a través de diferentes culturas. Un viaje tras el que abrazó el feminismo con convicción.

La mujer desnuda, nos ayuda a conocer mejor cada punto, rincón, curva del cuerpo femenino. La cintura, los ojos, la nariz, los labios, los pechos, los genitales...no es una visión que se limita a la anatomía, es un viaje que a las mujeres nos ayuda a percibir mejor nuestro propio cuerpo.

Nos cuenta como ha evolucionado el cuerpo femenino y que lo percibimos actualmente de una forma que no es fruto únicamente del proceso evolutivo sino de la injerencia que las sociedades han ejercido y ejercen sobre las mujeres.





Como decía he consultado la publicación de Morris tras conocer la situación que ha ocasionado la mala gestión de un tema de salud preventiva femenina en la Comunidad de Madrid.

No olvidaré la mañana del 28 de diciembre de 2000. Si ya se que parece una broma, pero la fecha es exacta, el día de los Santos Inocentes, experimenté lo que podía pasar por una inocentada, que por lo menos para mí no tuvo nada de inocente aunque por fortuna no pasó de ser un momento duro con final feliz. Fueron solo tres palabras, cáncer de mama.

Dos años antes mi vida cambió drásticamente tras pasar por un quirófano y como dijo el médico "salvarme por 12 horas". Desde entonces, las chicas me comprenderéis paso revisiones periódicas que afortunadamente salen bien.

La segunda revisión programada para el 28 de diciembre de 2000 incluía una mamografía. Las chicas sabéis cuanto duele la dichosa prueba. Pero todo se da por bien empleado si al final el resultado es optimo.

Lo que no olvidaré jamás, es que tras hacer la prueba en el Hospital Clínico y Provincial de Barcelona, los técnicos y la doctora del departamento de Diagnostico Por La Imagen, me rogaron que pasará a la salita de espera que volverían a llamarme en unos minutos.

A pesar de que intentaron ser discretos, escuché lo suficiente como para quedarme paralizada. "Se aprecian irregularidades en el tejido. Si en las dos mamas. Lo mejor es llamar a oncología y que hagan una valoración".

No os contaré como me sentí. Una enfermera entró y me dijo que los doctores estaban estudiando la imagen y que tal vez habría que repetirla que la prueba no había salido bien. Me avisarían enseguida. Los siguientes veinte minutos no dejé de temblar, sentada en aquel habitáculo, sola, vestida con un fino camisón de hospital. Llamaron a otras mujeres. Hicieron más pruebas.

Y de pronto escuché una voz distinta. Habían llegado dos médicos de oncología y estaban estudiando mi prueba. Diez minutos más de temblor descontrolado, de frío, de pensamientos espantosos. No me asustaba un posible diagnostico desfavorable que implicase cirugía y el proceso habitual. Me asustaba lo que podría significar que la prueba fuese positiva, que fuese cáncer.

Pensé en mis padres. No pensé en pareja porque no la tenía (no la tengo) ni en hijos (ni tenía ni tengo). Solo pude pensar en mis padres.

Quince minutos después la enfermera entró de nuevo. La acompañé y repitieron la prueba. Más dolor. Pero esta vez, una oración en silencio. Volví a la salita de espera. Y después de quince minutos más de deliberación, la enfermera regresó pero esta vez sonriendo. Todo estaba correcto. El tejido era del llamado fibroso y había sido una falsa alarma. Pero era mejor tenerlo todo claro.




Años más tarde una de mis más queridas amigas pasó por un quirófano, tras serle diagnosticado cáncer de mama. Se sometió a cirugía y quimio y los médicos dijeron que todo estaba bien. Dos años después el cáncer reapareció con mayor virulencia y ella tomó una decisión drástica. Los médicos le practicarían una mastectomía doble. No había garantía de salvarse de una recaída extirpando únicamente una mama.

Ella dijo que quería ver crecer a su hija, envejecer con su marido y disfrutar de la vida con su familia y amigos. Esta vez el camino fue más duro. Mucho más duro. Pero afortunadamente salió adelante. Y ahora, cuando la veo, cuando hablo con ella, me siento feliz porque está con nosotros, porque ha visto como su hija está cursando estudios de enfermería. Forma parte de mi vida desde que nos encontramos en el parvulario. De eso hace ya 45 años. Toda la vida. Escuela, bachillerato, COU, universidad, novios, amores, desamores, bodas, celebraciones, hijos. Todo lo hemos vivido junto a otras dos amigas del mismo parvulario y la misma escuela.


Cinco años más tarde una noche recibí la llamada de una amiga desde el hotel de Mallorca en el que se hospedaba. Era comercial y cubría la zona de Baleares. Pero aquella noche su madre la había llamado para contarle que acababan de diagnosticarle cáncer de mama. Los médicos opinaban que habían llegado  a tiempo y que las posibilidades de salir adelante tras la cirugía y el tratamiento de radio y quimio eran elevadas. No olvidaré el llanto de mi amiga, el miedo, la angustia. Pero ahora su madre sigue con su familia y todo está bajo control.

Hace un año me encontré con una vecina madre orgullosa y abuela feliz de dos nietos preciosos. Llevaba una pequeña bolsa de viaje. Le pregunté si viajaba de fin de semana. Me respondió que no. Iba al hospital. Le habían diagnosticado cáncer de mama en una revisión rutinaria. Ahora su pelo va creciendo lentamente y sigue hablando orgullosa de sus nietos.

No me olvido de Laura, la mujer valiente que enfrentó el cáncer de mama con una sonrisa permanente. Y que sigue repartiendo sonrisas hermosas.


Esta semana se ha hecho publico que un elevado número de mujeres de la Comunidad de Madrid, no sabe si padece o no cáncer de mama porque no hay fondos suficientes para esas pruebas.

Por lo visto, parte del equipamiento publico de diagnostico por la imagen fue transferido a clínicas privadas durante el periodo Aguirre. Se contrataba los servicios de esas centros que trabajaban con material pagado con dinero publico.

Ahora las clínicas públicas no tienen material ni presupuesto y las privadas no realizan las pruebas porque la comunidad les debe dinero.

No olvidemos la reforma de la ley del aborto propuesta por el ministro Gallardón.

No hablemos de las escasas medidas que permitan a las mujeres victimas de genero tener una oportunidad.

Tampoco hablamos del hecho que sitúa a las mujeres entre el grupo de desempleados con peores perspectivas para ingresar de nuevo en el mercado laboral.

Tampoco hablamos de las mujeres de la tercera edad que viven solas y que no tienen una vida fácil como jubiladas o viudas.

No hablamos del hecho de que el embarazo todavía se trata como "un inconveniente, una enfermedad".

No hablamos de que las mujeres suelen cobrar menos que los hombres, aunque desarrollen un trabajo con una formación y una categoría similar.

No me importa si esto también sucede en otras latitudes. Yo vivo aquí. Nacía aquí. Soy de aquí.

Mi pregunta a quienes dirigen cada cuatro este país, no importa quien les vote...
¿Qué os asusta tanto de nosotras?
¿Qué os resulta tan incomprensible que debéis castigarnos sin haber transgredido la ley? 

Y a las mujeres que forman parte de ese sistema perverso que deja en la cuneta a sus compañeras de género...

¿olvidáis todo lo que otras antes que vosotras pelearon para intentar que nuestra situación mejorase?

¿Sois tan jóvenes que no recordáis que una mujer no podía trabajar ni comprar algo tan simple como una lavadora sin el permiso del marido o el padre?

¿olvidáis que si una mujer tenía una aventura perdía el derecho a ver a sus hijos, e incluso la podía detener la policía?

¿olvidáis que la violencia de genero no es tan nueva, que antes de eso no se hablaba ni se denunciaba?

Vuestras ideas son tan respetables como las mías.

Lo que no es respetable, es no criticar este sistema, que nos penaliza solo por ser mujer.

Ante todo y por encima de todo somos seres humanos. Y esa penalización quedará vigente en forma de ley para vuestras hijas y vuestras nietas.

No os hablo de política, puesto que podemos o no estar de acuerdo. No os hablo de ecuaciones de física cuántica.
Os hablo de empatía, de humanidad, de ternura, de afecto.

Como dijo alguien lo más difícil es ponerse en la piel de otro. Estamos de acuerdo. ¿Pero que tal si para variar lo intentamos?

Que soy mujer salta a la vista.
Pero ante todo soy ser humano.
Y eso salta a la vista también.
 
 
Toda vida merece respeto y cuidado.

Todas y todos nos merecemos respeto y cuidado.

Lo que estáis haciendo vulnera todos los códigos éticos y morales conocidos.

¿Vale la pena el vértigo del poder a cambio de las vidas de vuestros semejantes?



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